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Mundial de hockey

  • Nunca es tarde para hacer lo que amás: Gisela Arismendi, campeona del Mundial de hockey

    Nunca es tarde para hacer lo que amás: Gisela Arismendi, campeona del Mundial de hockey

    Cuatro jugadoras tenían que animarse a patear los penales australianos que iban a definir la final del Mundial de hockey en Holanda. Gisela Arismendi levantó la mano, aunque nunca había tirado uno. «El DT pidió cuatro jugadoras que se animaran y me mandé», recuerda. Pidió una segunda vez, porque pensó: «Si le pifio, todavía quedan dos chances más». «Casi, casi… Pero me animé, y eso para mí ya fue un montón, encima ante tanta gente».

    A los 47 años juega en la Segunda de San Marcos y en Sureñas, pero al hockey llegó tarde: empezó a los 30. «Mis viejos no podían llevarme a hacer deporte de chica porque vivíamos lejos de todo, como en medio del campo», explica. Una mamá del colegio la invitó a probar con el hockey seven y fue el principio de todo. San Marcos es hoy, dice, «el amor de mi vida»: allí anotó a sus hijos, uno en rugby y una en hockey, que es una de las capitanas de la Primera.

    Después llegó el Máster, donde quedó como reserva para los Panamericanos de Paraguay, y este año, por fin, el Mundial. ¿Qué la enganchó? «Todo», responde: un deporte «que exige bastante» y en el que «todo el tiempo hay algo nuevo para aprender», más una parte social que le dio «vínculos, amistades y un lugar al que pertenecer». En su liga hay jugadoras desde los 18 años y a ella, con 47, le toca «correr a las niñas».

    El oro, cuenta, no era algo que esperaran: casi todas eran del interior, entrenaban una sola vez cuando la asociación conseguía cancha y algunas viajaban horas en micro o en avión para un día de práctica. «Eso es un montón de amor por la camiseta, además de un gasto extra y un esfuerzo enorme», valora.

    Quiso nombrar a todos: el cuerpo técnico, con Guido Gugliardi (DT), Valeria Racedo (jefa de equipo) y Gabriel Aguilera (preparador físico), y a sus compañeras, «lo más hermoso de este Mundial»: Ninfa (Santa Fe), Celeste (Córdoba), Gise G. (Neuquén), Carolina (Corrientes), Ester (La Pampa), Carina (Salta) y, de Buenos Aires, Ceci M., Ceci B., Lupe, Sabri, Carito, Faby, Flor, Mai, Bachi y Mayra, su «coequiper en Referentes».

    Del hockey femenino en el país destaca el crecimiento en nivel, profesionalismo y cantidad de jugadoras, visible en unas categorías que hoy van de la A a la G. La gran brecha, plantea, es la infraestructura: en Buenos Aires hay más clubes con instalaciones profesionales y en las provincias «son pocos los clubes que tienen una infraestructura acorde». De Río Negro dice conocer poco: por lo que le cuenta una amiga, hay pocos clubes y no todos tienen cancha sintética.

    En visibilidad ve parejos al hockey femenino y al masculino; la distancia con el fútbol, afirma, está en el apoyo económico. Cree que el hockey, «como todos los deportes amateurs», necesita más ayuda de la Nación y del sector privado.

    «Este oro no fue solamente un logro deportivo: fue el resultado de un grupo humano increíble, que se unió con un mismo objetivo y lo hizo realidad», resume.