En su chacra de Balsa Las Perlas, en Cipolletti, Ramiro Roco y Julieta Elizondo practican un cultivo de alfalfa con un método de ciclo abierto. Utilizan cultivos de acompañamiento que funcionan como protección durante el invierno, lo que permite que el primer corte tenga mayor volumen de forraje.
Después, en el segundo corte, aparece la alfalfa prácticamente pura, sin competencia de otros cultivos. El primer corte ocurre en una ventana temporal que varía según la disponibilidad de equipamiento: quienes tercerizan las tareas llegan a hacerlo a mediados de diciembre, mientras que con máquina propia es posible adelantarlo a fines de octubre.
Para obtener buenos rindes, el principio es claro: hay que tratar de devolver al suelo al menos el doble de lo que se le saca. Además, la forma cilíndrica de los rollos de alfalfa favorece la buena conservación al aire libre.
