Una licenciada en Administración Hotelera y Turismo que dedica dos décadas a la docencia creó un proyecto de microhistorias en Bariloche. La iniciativa abre sus puertas cada viernes para que vecinos de la ciudad compartan vivencias personales en un espacio pensado para la escucha.
El proyecto nació de una necesidad personal. «Había fallecido mi papá y una noche, desperté sintiendo que había que generar un espacio de escucha para vecinos invisibilizados por la vorágine del día a día», recordó Anabella, residente en Bariloche desde hace 22 años.
Cada viernes, entre 25 y 30 personas concurren al taller. Poco a poco van poblando el aula, se saludan y ocupan sus asientos para escucharse y compartir.
Los participantes valoran la propuesta. Eugenia expresó que «este taller responde 100% a mis expectativas, no solamente de intercambiar con gente linda». Señaló además que una de sus compañeras trabaja en Patrimonio Histórico, lo que enriquece el espacio con información especializada.




